Navarra al servicio del capital

En el plano económico, el nerviosismo por un cambio político en 2015 estaba a la orden del día en la esfera burguesa Navarra. Abundaban los mensajes apocalípticos de la élite económica contra el gobierno del cambio. Había dudas sobre si el nuevo ejecutivo sería capaz de mantener la salud del cortijo empresarial. El paso del tiempo ha dejado en ridículo tanta inquietud. El “cambio sereno y tranquilo” puso todo su esmero en no tocar los intereses de la élite económica. Dicho finamente: en demostrar capacidad de gobierno. De este modo, en la última década se ha seguido con la política económica de los anteriores gobiernos. Se intenta que Navarra compita en la carrera internacional por atraer inversiones y se garantiza un marco adecuado para la acumulación del capital en el territorio. No obstante, el sueño húmedo tanto de políticos liberales como socialdemócratas —cuanto mejor les vaya a las empresas, mejores condiciones de vida para la clase trabajadora— se está desvaneciendo. En el actual contexto de crisis se ve que no hay manera de conciliar los intereses de estas dos clases antagónicas. Los beneficios de los empresarios chocan directamente con las condiciones de vida de la clase trabajadora.
Por señalar algunos datos, el aumento de los beneficios empresariales de las mayores empresas de Navarra entre 2013 y 2023 ha sido el siguiente: VW Navarra (70%), AN Group (+70%), Viscofan (+40%), UVESA (+390%), Cinfa (+105%), Caja Rural (+420%), frente a un 27% de aumento del salario bruto medio. La salida de la crisis de 2008-2015 la ha liderado el bloque progresista mientras saca pecho de su gestión. Se afirma que se ha creado un marco de confianza para la economía navarra, cuando la realidad es que los empresarios han podido llenar sus bolsillos con beneficios históricos a costa de la clase trabajadora. Los beneficios empresariales han volado muy por encima de los aumentos salariales.
Otro dato que señala la confianza que despierta el gobierno progresista es la inversión de capital extrajero. Tanto la cifra total de inversión como el número de multinacionales en Navarra ha aumentado en la última década. Estos datos respaldan la hipótesis de que los gobiernos del cambio han sido lo que se conoce como un “factor de estabilidad” para atraer inversión. Las consecuencias de vender Navarra a estas empresas ya se dejan notar. Por ejemplo, con los numerosos despidos por deslocalización de la producción a otros territorios en busca de fuerza de trabajo más barata. En 2024 un 40% del PIB de Navarra dependía de 135 multinacionales.
Más allá de los gigantes navarros y las multinacionales, los intereses de todo el sector empresarial han sido bien atendidos por parte de las instituciones. Un régimen fiscal ventajoso, grandes inversiones con dinero público en infraestructuras, una escena política pacificada, la combatividad sindical anulada…
En la otra cara de la moneda tenemos a la clase trabajadora. Si los beneficios empresariales sobre los que se aplica el impuesto de sociedades se incrementaron a más del doble durante los primeros siete años de gobiernos progresistas en Navarra, el salario bruto medio ha tenido en este periodo un aumento del 21,42%. Además, si tenemos en cuenta el aumento de precios, este impulso salarial no sirve de nada para mejorar la calidad de vida de los sectores asalariados. Y todavía hay más: mientras los empresarios se llenan los bolsillos y las subidas del salario se las come el precio de la vida, el riesgo de pobreza o exclusión social aumenta de forma alarmante. En 2015, 88.775 personas Navarras se encontraban en esta sitón (uuacin 13,9% de la población) y en 2023 eran 115.728 personas (un 17,2%). El dato es peor aún en el sector más proletarizado: en 2015 había 28.041 personas en situación de pobreza severa (un 4,4%) y en 2023 eran 92.829 (un 7,7%).
Por lo tanto, la foto refleja que los beneficios empresariales se duplican, los salarios reales han bajado, la población en riesgo de pobreza aumenta y la población en pobreza severa casi se duplica. No son tendencias exclusivas de Navarra, lo sabemos. Son el correlato de la crisis estructural del capitalismo, que impide la reproducción de la clase media, el principal mecanismo de estabilización de las sociedades occidentales de las últimas décadas. Los discursos con los que los partidos progresistas pretenden mantener satisfecho a su electorado no soportan el contraste con la realidad. Ha habido una clara continuidad con la política económica del régimen navarrista de UPN-PSN. La consigna común: mimar a la burguesía navarra para que siga enriqueciéndose a costa de la clase trabajadora.