El milagro foral continúa

La Iglesia y el Opus Dei han constituido históricamente un pilar fundamental del régimen. En los primeros compases del cambio, una de las principales incógnitas residía en cómo se abordaría la presencia e influencia de estas instituciones en el nuevo contexto. Sin embargo, dicha incertidumbre se despejó rápido. La decisión fue clara: mantener su status quo. El ejecutivo ha mantenido una línea comunicativa especialmente discreta en este ámbito, pero lo cierto es que tanto la Iglesia como especialmente el Opus Dei han podido continuar con su agenda sin mayores obstáculos.
Un ejemplo ilustrativo de esta continuidad puede observarse en el fenómeno de las inmatriculaciones. Aunque en la actualidad se están prometiendo nuevos pasos, parece ser que 10 años no son suficientes para expropiar los bienes que la iglesia ha robado. Es más, [ENTRESACA] desde 2015 a la actualidad, el número de bienes inmatriculados ha seguido aumentando, según refleja el listado del Gobierno de Navarra. Hasta el momento no se ha aprobado ninguna medida efectiva orientada a la restitución de los bienes.
Por su parte, la Universidad de Navarra ha alcanzado este año un beneficio récord de 39,2 millones de euros. Asimismo, cabe destacar el incremento en las cuantías de los conciertos otorgados a las clínicas Universidad de Navarra (23 millones de euros en 2025 frente a 12,3 millones en 2014) o San Juan de Dios (28,2 millones de euros en 2025 frente a 16,5 millones en 2014). Estos datos evidencian una tendencia gubernamental que favorece el fortalecimiento de entidades privadas vinculadas a la iglesia católica, en detrimento del desarrollo y mejora del sistema público de salud universal, gratuito y de calidad.
La pervivencia y consolidación de la influencia de la Iglesia y del Opus Dei en Navarra reflejan una notable continuidad institucional a pesar del cambio político. Como dijo Uxue Barkos en 2017: “Es el momento de que el Opus Dei aprenda a convivir con gobiernos de signo diferente”. También era el momento, según todos los indicios, de que los gobiernos de signo diferente aprendieran a convivir con la Iglesia Católica el Opus Dei.